“A veces sentimos que lo que hacemos es tan sólo una gota en
el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”
Madre Teresa de Calcuta.
La palabra solidaridad proviene del sustantivo latín soliditas, que expresa la realidad
homogénea de algo físicamente entero, unido, compacto, cuyas partes integrantes
son de igual naturaleza.
Ya la origen de la palabra revela que la solidaridad se
fusiona con la convicción de igualdad y eso conlleva amor por el prójimo y
rectitud de conciencia.
La RAE la define como adhesión circunstancial a la causa o a
la empresa de otros, entonces sentimiento de unidad basado en metas o intereses
comunes. Con eso podemos añadir que ser solidario significa compartir la carga
del otro y responsabilizarse junto con éste de dichas cargas.
Los sociólogos añaden que se trata de la capacidad de
entregar bienes a otros individuos pensando en estos como tus semejantes; poder
compartir un hogar, alimentos, sentimientos y abrigo.
El ser humano es un ser social: necesita de otros y los
otros necesitan de él. ¿No es esa necesidad sinónimo de solidaridad?
La solidaridad es parte de nosotros, está en la esencia
misma del ser humano tal y como su natural tendencia social.
Si lo piensas entonces, oponerse a la solidaridad es
oponerse a la naturaleza social del hombre, y equivale a afirmar que uno es
autosuficiente, que no necesita de otros, que los otros no le merecen, que no
le debe nada a nadie. Eso desvirtúa al ser humano para convertirlo en un ser
solitario, egoísta; fuera de la realidad; lejano de los otros hombres, duro de
corazón: profuso para exigir, pobre para ofrecer.
En unas palabras solidaridad es igualdad, participar y
compartir, dar y ser social. Actuar por el bien de todos y cada uno, ya que todos
somos verdaderamente responsables de todos.
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